Las aventuras de dos hermanas foodies por Madrid

La Pescadería, lo último de Malasaña.

Como os comentamos el fin de semana en Twitter, el pasado  viernes nos dejamos caer por el restaurante La Pescadería, en Malasaña, tras ser asiduos al restaurante Lamucca teníamos muchas ganas de conocer a su segunda versión gastronómica, y tenemos que decir que no nos ha defraudado.

Con un ambiente más desenfadado, La pescadería, en el corazón del barrio de Malasaña, es un lugar genial para ir a cenar o picar algo con los amigos, ya que tiene una carta con una variedad estupenda de platos para compartir con sabores tan tradicionales como las patatas bravas o los huevos rotos y con platos más vanguardistas como el ceviche de corvina o los tacos de rabo de toro.

La pescadería como su propio nombre indica nos adentra en un espacio que bien nos recuerda a una pescadería de las de toda la vida con su azulejos blancos con el nombre escrito con azulejos negros…El restaurante se divide en varias zonas,  al entrar nos encontramos con la barra y algunos espacios para sentarnos a disfrutar de una cerveza y alguna ración. A la derecha se sitúan tres o cuatro mesas largas donde se puede compartir espacio con más comensales y en las que no es necesario hacer reserva; unos escalones más arriba esta la zona de restaurante propiamente dicho, donde podemos reservar mesa para comer y cenar. Este espacio está pensado para todo tipo de comensales con mesas de cuatro o seis personas, con pequeñas mesas en recovecos con un ambiente más romántico y con grandes mesas para grupos, en la parte de abajo sigue el restaurante sin perder el ambiente de arriba pero situados en un espacio abovedado y con cierto aire a gruta.

En esta ocasión al ir sin reserva tuvimos que esperar un poquito, por lo que aprovechamos para tomar unas cañas Mahou en la barra, en la que había mucho ambiente ya que la música animaba al personal. Una vez sentados en nuestra mesa llego la hora de degustar las especialidades de la pescadería, nuestra elección  fue complicada ya que todos los platos de la carta son apetitosos. Finalmente nos decidimos por los buñuelos de bacalao con salsa de piquillo, los mejillones en salsa de tomillo y limón y por unas brochetas de pollo con piña, todo ello acompañado de una botella de vino blanco Protos… Todo nos encantó, las raciones son generosas, y es de agradecer que no lleguen a ser excesivas así se pueden probar más cosas. La relación calidad precio no puede ser mejor, que por 20-25€ por persona puedes disfrutar de una cena completa, en un lugar perfectamente decorado, agradable y con un trato inigualable. Nosotros nos quedamos con ganas de probar los postres, pero ya no podíamos con más, lo dejamos para la próxima visita!

Dónde: Calle Ballesta 32 (Malasaña)

Precio: 20- 25€ por persona, cañas Mahou (tipo tercio) 2.50€, raciones entre 7 y 11€

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